Yo no sé tú, pero yo estoy harto de dudar cada día sobre qué puedo y qué no puedo reciclar. El colmo ha sido cuando hoy en la televisión me han dicho que una cosa es el vidrio y otra el cristal, y ahí ya me han vuelto loco.
Como buen ciudadano implicado con el medio ambiente separo para reciclar, pero a quién no le ha entrado nunca la duda “¿Será esto un envase?”, porque parece que con el papel, el cartón y el vidrio (que al parecer no es cristal) lo tenemos más o menos claro.
El conflicto llega, al menos en mi caso, con el contenedor amarillo. Sabemos que es para envases pero un “envase” es cualquier cosa que envase algo, y la lista puede ser infinita. A priori las campañas informativas nos dicen que allí debemos depositar briks, plásticos y latas. Pero ¿todo vale? Para salir de dudas y no equivocarnos vamos a “separar para aclarar”.
Papel y cartón: todo tipo de papel y cartón que no haya sido plastificado. Recuerda quitar todo tipo de parte plástica o metálica, como puede ser el gusanillo en el caso de un cuaderno. Revistas, periódicos, catálogos, guías, la típica publicidad de “buzoneo”… todo. Y ten en cuenta no meterlo en el contenedor en una bolsa de plástico, deja el papel suelto y la bolsa tírala en el amarillo.
Vidrio: es el primero que apareció en nuestras calles y en cierto modo acabó con la tradición de devolver “el casco” (la botella) al establecimiento donde lo habíamos comprado, como antiguamente ocurría con las de gaseosa. Botellas de vino, de agua o de cualquier otra cosa, botes, y tarros. Ten en cuenta que vasos, copas, fuentes de cristal o bombillas no son de un vidrio reciclable. Recuerda quitar las tapas, corchos y tapones.
Envases: ha sido el último en llegar y quizá por eso motiva alguna duda. Es el lugar de briks (zumos, leche, vino, etc.) porque recuerda que no son cartón, el de botes y botellas de plástico (detergente, limpiadores, agua, zumos, y bebidas varias) y también el de latas, pero no sólo las de refrescos como se puede pensar, sino cualquier tipo de lata metálica (atún, conservas, aceitunas, etc.). Pero vamos a más, como el término “envase” es muy ambiguo conviene aclarar que aquí también tienen cabida las bandejas de poliexpan (frutas, carne, embalajes y un largo etcétera) cualquier blister plástico (fiambre), yogures e incluso el aerosol de un insecticida, siempre, como en cualquier envase, que esté completamente vacío. Por supuesto las bolsas de plástico del supermercado también deben terminar en el contenedor amarillo.
El objetivo es que en el contenedor gris de toda la vida, llamado orgánico o ‘fracción restos’, termine sólo aquello que no puede ser reciclado. Si te ves delante del contenedor y no sabes qué hacer siempre puedes consultar, por ejemplo, en ‘ecoembes’ para asegurarte de que haces lo correcto. Hay muchos otros desechos que quizá no le encontremos sitio en ninguno de los contenedores anteriores y seguramente no vayan en ninguno de ellos, encuentra tu punto limpio y deshazte correctamente de lo que te sobra.
Gracias a mi amigo Josechu me he topado con un vídeo de Manu Sánchez con el que de nuevo me he tenido que secar las lágrimas de la risa.
“Hay dos maneras de hablar, azín, o mal” Un pequeño monólogo sobre el habla andaluza que como suele ocurrir con las cosas bien hechas sobre este tema sólo los andaluces (o los que somos de adopción…) entendemos y disfrutamos de verdad. Muy bueno y muy recomendable, y que además me recuerda a este genial “curso dandalú” que unos cuantos ya hemos convertido en todo un mito.
El monólogo no es otra cosa que una manera de promocionar wikanda, “la mayor fuente de contenidos sobre el saber popular de Andalucía basado en el concepto wiki”, a la que sin duda dedicaré un próximo post.

Esto de ser “hombre objeto” nunca me lo había planteado, pero resulta que funciona. Eso, o que la oferta de la suscripción de la revista es muy buena, porque el número de suscriptores va aumentando… ¿gracias a mí?
No sé, pero es una pena que las leyes de protección de datos me compliquen tanto saber si son sólo suscriptoras… o si también triunfo entre los lectores.
Por una vez que salgo sin casco… hay que comprenderlo, tenía que darle un poco de auto bombo.

India, inconfundible.
Pues sí, vista la presión que me ha metido Juanlu Sánchez, he de decir que durante 15 días estuve viajando por India y Nepal, y ni que decir tiene que mañana volvería a ir sin pensármelo dos veces.
Llegamos a Delhi, una ciudad de una extensión casi infinita y con una población que ronda los 19 millines de habitantes. Mezquitas, palacios y monumentos, pero lo que más llama la atención es una contaminación que no deja llegar el sol al suelo.

Delhi, templo Sikh
Tras muchas hora por carretera y no tantos kilómetros llegamos a Jaipur, “la ciudad rosa”, donde la vida de la calle nos cautivó. Bicicletas, rickshaws a pedales, rickshaws a motor, motos, vacas…. todo entremezclado en una especie de caos organizado y rodeado de tiendas y puestos de todo tipo, con toda la pobreza que envuelve el país de punta a punta.

Jaipur, la ciudad rosa
La siguiente parada la teníamos en Agra, pero no sin antes haber probado tres de los medios de transporte más auténticos de la India: el elefante, el rickshaw y el tren. Agra es la ciudad del Taj Mahal, el que dicen que es la mayor muestra de amor del mundo al haber sido contruido por el emperador Sha Jahan como mausoleo para su mujer Mumtaz Mahal, quien murió dando a luz a su 14º hijo. Lo puedes haber visto en fotos, postales, documentales y libros de arte e historia, pero hasta que no lo ves en persona no te haces una idea de lo que puede llegar a impactar.

Taj Mahal, Agra.
Pero no fuimos conscientes del hinduismo más auténtico hasta que no llegamos a Khajuraho. Esta pequeña ciudad es famosa por sus conjuntos de templos y, básicamente, por el erotismo de sus figuras y las representaciones del Kamasutra. Evidentemente ya estaba todo más que inventado hace más de mil años…

Kajhuraho y sus templos eróticos
No podíamos quedarnos sin conocer los aeropuertos locales, una experiencia difícil de olvidar también, y hasta Benarés (Varanasi) fuimos en avión.

El Ganges a su paso por Benarés
No puedes ir a la India sin amanecer en las orillas del Ganges. En sus ghats cientos de personas se purifican en las aguas sagradas del río al salir el sol, mientras que a unos pocos metros las cremaciones convierten en cenizas a sus difuntos para terminar reposando en esas mismas aguas.
Colores, rezos y una extraña sensación de haber viajado a otra época. Es uno de los momentos que más te pueden llegar a impresionar y de los que más me costará olvidar.
Siempre, eso sí, siendo el turista intrometido que recorre el río arriba y abajo observando el espectáculo que para otros es la vida cotidiana.
Los últimos 5 días del viaje los dedicamos a conocer Nepal. Aunque fuera muy por encima Kathmandu es un buen reflejo de lo que este país tiene gracias al Himalaya, puede presumir de ocho de sus “ochomiles” además de la montaña más alta del planeta: el Everest.
Aquí la población se nota más “oriental”, por así decirlo, aunque geográficamente esté justo al norte de la India. Los ojos son más rasgados y el budismo toma una presencia importante a lo largo de todo el país y siempre, desde lo alto de las estupas, los ojos de Buddha vigilando.

Estupa de Bodnath, Kathmandu (Nepal)
Y si quieres más fotos con las que conocer mejor cómo es India y Nepal aquí tienes toda mi galería.
Se ha hecho de rogar, sí, pero ya estamos aquí.
Tras cinco años contando aventuras y desventuras desde `Sobre Dos Ruedas´ hoy empezamos una nueva etapa un poco más allá de ese mundo que desde entonces ha ocupado mi afición y profesión. Cómo no, `Sobre Dos Ruedas´sigue y seguirá vivo, pero dejadme que cuente el resto de cosas que veo, admiro o detesto que tienen algo más que sólo dos ruedas. Deseadme suerte con este nuevo blog porque… creo que la voy a necesitar.
Vamos allá.
Empezamos.



